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Adelgazar no es fácil. Adelgazar ni siquiera es la solución a todos tus problemas. Sin embargo, adelgazar significa dar un gran paso hacia el cuidado y el amor propio. No lo hagas si es solo por estética, ni para que te entren unos vaqueros de C&A (única tienda en la que podía comprarme pantalones) o para que te elogien. Hazlo porque te quieres, porque te gusta disfrutar de un día relajado al lado de los que amas y porque quieres dar un paseo sin sentir que has corrido una maratón.

No sé cuál fue tu punto de inflexión o cuándo decidiste que era hora de pedir ayuda; yo me di cuenta cuando me pesé y vi 95 kilos en la báscula, me aterraba pensar que eso seguiría subiendo sin control si no paraba. Además, me notaba cansada, sin fuerzas, de mal humor, mi tensión estaba alta, el corazón me tronaba en el pecho cuando subía un par de escalones y el colesterol no iba por buen camino. Pero lo peor era la falta de control, esa terrible sensación de no poder parar, ir a la cocina para arrasar con lo que pillaba y seguir hasta sentirme llena. Era adicta a la comida, a la sensación de plenitud y no era capaz de coger las riendas.

Ahora puedo. Mi vida no gira alrededor de la comida. Me hago mi propio pan, voy al gimnasio tres veces por semana, utilizo la bicicleta para moverme por la ciudad, puedo salir con mi pareja a correr los fines de semana, estoy feliz, me quiero más, me cuido y solo me doy lo mejor. Por supuesto hay días que caigo, no soy perfecta y la comida es una tentación, pero no pasa nada, hay que levantarse y seguir, porque merezco la pena y es injusto tirar la toalla con uno mismo.

Hay una cosa que debe quedarte clara y que quiero que repitas conmigo: no soy gordo, ESTOY gordo. La gordura no es parte de quien eres, ni de tu personalidad, aunque siempre hayas estado “gordito” y te estén machacando con el temita desde el colegio. No importa, de verdad, lo único que importa es que lo tengas claro y luches por ello. La obesidad es algo muy serio, es una enfermedad que nos debilita y nos quita calidad de vida, hay que combatirla desde el interior, cambiando nuestros hábitos. Nadie puede venir a salvarte, por mucho que te ayuden, tienes que estar decidido y luchar. No vale coger el ascensor para subir dos pisos sistemáticamente o postergar día tras día tu momento de hacer ejercicio o pensar que es triste comer mucha verdura. ¡YA BASTA! Lo único triste es que nos enfermemos a nosotros mismos y no le pongamos remedio.

Así que yo te digo a ti, gordo/a como yo, que tú puedes, que eres valioso, que el camino es duro, pero merece la pena y que la satisfacción que te da comerte un dulce es una porquería en comparación al subidón de autoestima y autoconfianza que genera la pérdida de peso.

Yo sigo en este camino, aún tengo sobrepeso y me siguen sobrando 9 kilos, pero no pasa nada, lo estoy consiguiendo poco a poco, igual que tú vas a conseguirlo. No escuches a la gente, rechaza sin remordimientos las tentaciones y no le hagas caso a tu lado negativo, ese que te incita a caer en la tentación y dejar de luchar por ti mismo. Mereces más la pena que todo eso.

Un beso muy grande y ánimo.