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Cuando ya son muchos los kilos que te sobran, los gordos entramos en una peligrosa espiral de falta de autoestima, inseguridad y lo que es peor, nos sentimos rechazados por una sociedad, que al día de hoy sigue pensando que hemos llegado al sobrepeso por dejadez, y de ahí al menosprecio es casi inmediato. Consecuencia de ello, tiramos la toalla. Nos engañamos pensando que perder tantos kilos es imposible sin someternos a alguna cirugía, eso después de haber experimentado, por supuesto sin éxito, todas y cada una las dietas que existen, esperando que alguna sea la verdaderamente “milagrosa” y hagan desaparecer los kilos por arte de magia. Y cuando fracasamos una y otra vez, volvemos a la espiral maldita. Bueno, esa es la parte emocional, la física es casi peor. Cuando eres un “tonel con piececitos ” acabas teniendo la movilidad del mismo y tu vida cotidiana se ve condenada a la invalidez que esto supone. Pero ¡¡llegó lo que para mi fue un milagro!!! Encontré un equipo de profesionales que festejan cada kilo que pierdo con tanto entusiasmo que estas deseando bajar de peso por la recompensa en forma de apoyo moral que conlleva cada merma. Sales de las consultas (da igual que sea psicóloga, nutricionista, endocrino o fisio) con “un subido” que el plan personalizado se hace muy llevadero, te alimentas con la autoestima que te proyectan y lo que es más importante, sin metas imposibles a corto plazo, ni riñas, ni contabilizando centímetros, ellos simplemente quieren que tu vida mejore porque “Tu te lo mereces” y así me lo han hecho sentir y creer. Gracias.